¡Hasta siempre, Athlone! El broche de oro a una aventura inolvidable en Irlanda

¡Hasta siempre, Athlone! El broche de oro a una aventura inolvidable en Irlanda


Nuestros #Scholers ponen punto final a su curso de inglés en Midlands después de unas últimas jornadas repletas de actividades, excursiones y despedidas que recordarán durante mucho tiempo. Un viaje que termina con la maleta llena de recuerdos, nuevas amistades y muchísimas experiencias vividas.

¡Qué rápido pasa el tiempo cuando estás viviendo la aventura de tu vida! Parece que fue ayer cuando os contaba lo del barco vikingo y, casi sin darnos cuenta, ya nos ha tocado hacer las maletas. Eso sí, los últimos días en Athlone los hemos aprovechado hasta el último segundo y han estado llenos de momentazos que no vamos a olvidar nunca.

Si algo ha marcado estos días ha sido el ambiente de unión del grupo, sobre todo cuando nos juntamos todos para ver el partido del Mundial de España. ¡Y ganamos!

Además, tuvimos tiempo de hacer una escapada a la capital. Dublín nos recibió con sus calles llenas de vida, música y un ambiente increíble, donde los chicos aprovecharon para hacer las últimas compras de recuerdos.

Para soltar energía y aprovechar el buen tiempo que nos ha acompañado, nos fuimos a Bay Sports, el parque acuático hinchable del lago. Ver a todos intentando mantener el equilibrio, cayéndose al agua y ayudándose unos a otros fue divertidísimo. Terminaron agotados, pero muy felices. Para completar las tardes de ocio, también organizamos un torneo de bolera, donde salieron a la luz los talentos ocultos de más de uno (y alguna que otra bola que terminó en la canaleta, todo hay que decirlo).

Y si la semana pasada Bunratty nos pareció de película, la visita a Athenry no se quedó atrás. No solo aprendimos sobre su historia, sino que nos metimos de lleno en el papel: nos disfrazamos con trajes de la época medieval, dejando unas fotos para enmarcar, y practicamos tiro con arco, demostrando que algunos tienen una puntería digna de Robin Hood.

Los últimos momentos en la escuela y con las host families fueron muy emotivos. Para tener un recuerdo para siempre, organizamos una tradición preciosa y firmamos nuestras banderas de Irlanda, donde cada uno escribió dedicatorias, chistes locales y mensajes de cariño en las banderas de sus compañeros.

La despedida, como era de esperar, fue bastante triste. Hubo abrazos muy largos, promesas de volver a verse pronto y más de una lagrimilla, tanto al decir adiós a las familias anfitrionas como al despedirnos entre nosotros en el aeropuerto.

Nos volvemos a casa con las maletas a reventar —cerrar las cremalleras después de tantas compras fue casi un deporte extremo—, pero, sobre todo, con la mochila llena de vivencias. Se llevan un inglés mucho más suelto, muchísima autonomía y, lo más importante, amigos de los que duran para siempre.

¡Gracias, Athlone, por haber sido nuestro hogar durante estas semanas! ¡Hasta la próxima, Irlanda!